"A mí me parece, en efecto, que dialogar acerca de poesía es en extremo semejante a los banquetes de hombres mediocres e incultos, pues también éstos, por no tener de qué hablar entre sí al beber, puesto que por su incultura no tienen voz y discursos propios, encarecen a las flautistas y rentan por mucho dinero la voz ajena de las flautas y conversan entre sí a través de la voz de aquéllas; pero, donde hay comensales bellos y buenos y educados, no podrías ver ni flautistas ni bailarinas ni artistas, sino que ellos se bastan a sí mismos para conversar (sin tonterías y cosas infantiles) por su propia voz, hablando y escuchando ordenadamente en su turno, aun si han bebido mucho vino. Así también las conversaciones de esta índole, si se componen por varones como la mayoría de nosotros afirma ser, no requieren de voz ajena ni de poetas a los cuales no es posible preguntar acerca de lo que dicen; y de muchos que los citan en sus discursos, unos afirman que el poeta tiene en mente una cosa; otros, que otra, al dialogar sobre un asunto que no pueden resolver, dejan de lado tales conversaciones, y conversan consigo mismos y por sí mismos y recibiendo mutua experiencia entre sí en sus propios discursos. Me parece que es preciso que yo y tú imitemos más bien a personas como éstas y, dejando a un lado a los poetas, nosotros realicemos los discursos por nosotros mismos y mutuamente, recibiendo una experiencia de la verdad y de nosotros mismos"

[Platón, Protágoras, 347c-348a]
 
 
"La actitud realista se me revela con un aspecto hostil hacia todo vuelo
intelectual y ético. Me causa repulsión porque está constituida por una
mezcla de mediocridad, odio y chata suficiencia."                              
                                                                             André Breton


Una de las mejores formas que tenemos los humanos para matar el tiempo es justificarnos. Nadie es más hábil ni más ingenioso, ya sea singularmente o en muchedumbre, que cuando intenta dar razón de algo que le incumbe o en lo que se ha visto envuelto, con cierta complicidad de su parte. Al mismo tiempo, nadie es nunca más capaz de decir toda la verdad, toda la esencia de sí mismo; todo el ímpetu de demostrar que toda la fuerza de su voluntad lo ha llevado a hacer lo que hizo, “quiero lo que quiero” es nuestro lema. Al mismo tiempo, nadie nunca es más frágil y ridículo que cuando con todo su esfuerzo mental explica sus “porqués”.

Un ejemplo, un ejemplo:

Se hace una marcha y se asiste a una marcha y después, basicamente, se habla de esa marcha: “¿Por qué fuiste a esa marcha?, “¿Qué piensas de la marcha?”, “¿Qué te dejó la marcha?”. Evidentemente al 99% de los que marcharon nadie les formuló estas preguntas pero, ¡oh inseguridad!, todos las contestan de inmediato, aunque sea en silencio. Me viene a la mente una plática entre dos hombres de la India a la que una vez asistí o algo así porque hablaban un idioma de otro mundo. Uno lanzaba un discurso interminable y al parecer muy interesante a una velocidad sorprendente. Cuando terminó, el obvio espacio de tiempo necesario para que su interlocutor procesara tanta información simplemente no existió; ni un segundo (no exagero) tardó el nuevo orador en lanzar otro discurso de las mismas proporciones, y lo mismo otra vez, y de nuevo, como si sólo se escucharan para poder hablar. Y después de tanta palabra me quedó la impresión de que eso nunca pasó. Y después de tanta palabra me da la impresión de que no hubo 150,000 personas marchando.

Es algo extraño, pero vivimos en tiempos en las que las cosas no pasan aunque pasen. En nuestro deseo por que las cosas funcionen perdemos las cosas. Nuestra afilada capacidad de análisis, por lo demás necesaria para lograr cualquier incidencia en el mundo, prevalece sobre el acto mismo. La legitimación del acto con fines de eficacia borra al propio acto. Funcionar sin necesidad de ser, eso es a lo que yo llamo realismo.

Es claro que en estos tiempos en los que todos los discursos legitimadores son más o menos válidos, y por ende más o menos inválidos, el que tenga más poder detrás de él prevalecerá. El resultado: cierta amargura y nuevos discursos por parte de los vencidos; cierto júbilo y nuevos discursos por parte de los vencedores; y una serie infinita de actos simplemente pasados por alto. Un acto es muchas cosas, y el extenuante ejercicio de desmenuzar sus sentidos nunca lo abarcará aunque el ejercicio sea completado. No importa si el discurso es humilde o pretencioso, al final son discursos de eficacia.

Frente a este nuevo realismo necesitamos un nuevo radicalismo, uno que esté dispuesto no sólo a analizar, sino a reconocer la existencia completa del acto. Un freno necesario a esta pasmosa velocidad de reacción analítica.

Cito al más célebre surrealista porque, a pesar de la idea general que se tiene de este movimiento, eso era por lo que luchaba. Nadie lucha por la pérdida de la razón, y nadie puede desearla, se lucha por todo lo que la razón discrimina, por la completud del acto, por el perfecto absoluto que acontece. Se lucha por esa fórmula de Apollinaire que también Breton recuerda: hay.

El radicalismo de ser antes de funcionar.

Hubo una marcha.
 
 
“Toda materia comienza por un desarreglo espiritual” dijo una vez Artaud, el único personaje de la historia al que admiro completamente. En esa ocasión se refería a las posibilidades y a la credibilidad de una revolución. Para él todo lo verdaderamente justo y todo lo verdaderamente bello que se formara en el espíritu de una persona, irremediablemente se concretaría, en algún momento, en la realidad.

Todas mis reservas, mi única reserva más bien, respecto a la protesta de ayer y al movimiento social que por fuerza debe seguirle gira en torno a esto. Leo por todos lados a manera de crítica el señalamiento de que este acto pierde validez porque ha sido “politizado” y me dan ganas de taparme los ojos. ¡Qué tremenda tontería! ¿Qué es un movimiento civil sino un acto político en su más pura manifestación? Dicen que fue una movida de López Obrador cuando lo único que lo pudo ubicar ahí fue una mención a la cerrada elección presidencial de 2006; dicen que incitaba a la violencia por los machetes de los ejidatarios de Atenco que lo único que llevan siempre es dignidad y disposición para apoyar cualquier causa que consideren justa; dicen que sólo sirvió para el SME se colgara de una noble causa, y pues sí, qué más les queda si llevan una eternidad esperando ser escuchados. Y dicen una cantidad espectacular de cosas que sólo sus mezquinas mentes pueden formular.

Pero ese no es el problema, esa gente siempre estará, y como sea un movimiento social no tiene por qué, y en mi opinión no debería, separarse “quirúrgicamente” de otros problemas del país. Mi reserva es a causa de ese “desarreglo espiritual”, no creo que la sociedad lo haya vivido, confieso que yo no, al menos no a causa de la violencia, no estamos hasta la madre. No digo que las marchas sean inútiles, mucho menos que los que asisten a ellas sólo lo hagan para sentirse bien con ellos mismos, sólo digo que es prácticamente imposible estar hasta la madre y compartir el dolor de los que conocían a los 40,000 muertos, no va por ahí, no somos un país de deudos.

No somos deudos, pero no somos ciegos, y con un sincero “gracias” Javier Sicilia, que sí está hasta la madre, le echa la bolita a los jóvenes, como debe de ser. Cada quien su lucha, la de él a causa de un dolor innombrable, la de nosotros por un mundo digno de la palabra.


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Sin duda el querer echar a todos los mexicanos en una bolsa, o mejor dicho en un concepto, es algo común. Nos estereotipan desde todos lados y estereotipamos a los otros por igual; pero hay una generalización que es moneda corriente y que viene desde los propios mexicanos. Lo que llaman “idiosincrasia” lo conocemos bastante bien, lo interesante es saber quién fabricó el saco al que echan a todos y por qué.

“Curiosamente” los más asiduos en señalar las características del mexicano forman parte de sectores perfectamente localizables de la sociedad, sectores económicos por supuesto. El dedo que señala al “típico mexicano” es muchas veces de la clase alta, pero la mayoría de las veces es el dedo de ese extraño invento teórico llamado clase media. Esta clase media es la encargada de transmitir y reproducir ideas, prejuicios las más de las veces, tiene un posición clave para hacerlo ya que de cierta forma representa la “vida pública” de las ciudades. Las ideas dominantes se mueven en estos circuitos citadinos, cercanos a los medios de comunicación, con más capacidad de difundir maneras de pensar. Los prejuicios que transmiten no son creados por ellos, ni siquiera por la clase alta, sino por los innumerables mecanismos de creación de cultura echados a andar a lo largo de la historia, mecanismos estos sí, que siempre han servido a la clase dominante. Así vemos que la clase media no existe en realidad, es una especie de grupo de choque ideológico creado por el movimiento capitalista de la historia.

La imagen creada se vuelve realidad con el tiempo, se crea una relación amarga entre quien señala y es señalado, y las actitudes que el primero reprueba, son utilizadas por el segundo a manera de reto. Mala relación, basada en mentiras históricas que sólo reproduce y eterniza el sistema tal como lo conocemos. En este juego de prejuicios los únicos que ganan son los miembros de la clase dominante.

Como dije, estas ideas se mueven por circuitos definidos, en los medios de comunicación, en las ciudades, en aquellos lugares en donde la clase media es receptora y partícipe del transporte de ideas. Por simple lógica es visible que el porcentaje de la población que sabe qué es el “típico mexicano” es irrisorio, falsedad sobre falsedad. Poca gente creando un gran problema.

El porcentaje restante, la gran mayoría, no vive esta vida de prejuicios, tienen sus dificultades propias, soportan el drama de vivir en México cuando nadie en México los toma en cuenta y probablemente ellos tampoco tomen en cuenta a México. El Estado para ellos sólo se aparece para cobrar impuestos, para despojar y reprimir. El gran problema de crear y vivir con una artificial idea de “mexicaneidad” es el muro que se construye entre la irrisoria minoría y la brutal mayoría y que evita que se cree una verdadera sociedad mexicana. La verdad es que México y el mexicano no existen, o sólo existen en la cabeza de una minoría, y trabajan, posiblemente sin querer, para los poderosos.
 
 
En América Latina, el rescate de espacios urbanos para contener el auge delictivo y violento tiene como ejemplo los casos de las ciudades colombianas de Bogotá y Medellín. Ahí se había pertrechado el narcotráfico que atizaba la violencia urbana. Enrique Peñalosa fue alcalde de Bogotá, la capital de Colombia, entre 1998 y 2000, un momento complicado desde la mirada social y política de aquel país.

Su programa de reordenación urbana logró revertir el índice delictivo tras emprender medidas de rescate de espacios públicos en las zonas más abandonadas de la ciudad. En su gestión, concesionó la administración de 29 nuevas escuelas construidas en los barrios más pobres de Bogotá a los mejores colegios privados del país.

Aunque debatida, esa decisión fue celebrada por los residentes de esas comunidades que avalaron la posibilidad de que sus hijos tuvieran acceso a medios educativos de alta calidad.

Peñalosa sintetiza su teoría en una frase: “Que la ciudad sea para la gente, los niños, los viejos y las personas de menores recursos. Cada detalle de la ciudad debe reflejar que el ser humano es sagrado”. En entrevista, subraya que las urbes deben dar prioridad al aspecto peatonal en aquellos sectores en los que se concentra la población que va a trabajar o las zonas cercanas a las escuelas.

Respecto de lo que ocurre en las urbes mexicanas, el también economista apunta que estos conglomerados humanos “son maravillosos porque tienen vida, color e historia; pero como ocurre en el mundo en desarrollo, los automóviles son la prioridad sobre el ser humano”.

Peñalosa subraya que las banquetas son el elemento más importante de una buena ciudad. Estos pasajes de concreto, de piedra, cemento o tabiques son el elemento diferenciador entre una ciudad de avanzada y una que no lo es.

Opina que, idealmente, las banquetas deberían continuar en las intersecciones, de modo que los automotores precisen reducir su velocidad para subir y pasar sobre ellas. “Así quedaría claro que los automóviles son los que pasan por un espacio de los peatones y no, como sucede frecuentemente, que los peatones transitan por un espacio de los autos”.

Durante su gestión en la alcaldía bogotana (1998-2000), Peñalosa emprendió acciones destinadas a mejorar la infraestructura de los barrios marginales de esa ciudad a través de la participación ciudadana. Partió de un modelo de ciudad cuya prioridad fueron los ciudadanos, por lo que impulsó la creación y recuperación de espacios públicos, el uso del transporte colectivo Milenio y la restricción del uso del automóvil.

Con ese esquema, logró recuperar plazas públicas, levantó un extenso parque en una zona que había sido tomada por el crimen y salvó del abandono una de las avenidas más céntricas para convertirla en un concurrido espacio peatonal.

Su padre, con el mismo nombre, fue secretario de la primera conferencia Hábitat de Naciones Unidas, por lo que el exalcalde de Bogotá está muy involucrado en el tema de la vivienda en las grandes urbes y su problemática. Para Peñalosa, México ha logrado construir “formidables” sistemas de financiamiento de la vivienda, como el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, que es la “envidia” del resto de América Latina.

Opina que el Estado debe intervenir para que las ciudades crezcan en los lugares óptimos, pues el costo de la tierra ha llevado a que muchos desarrollos se levanten muy lejos de los cascos urbanos. Propone constituir grandes reservas territoriales estatales adyacentes a las ciudades; que en los nuevos desarrollos se privilegie la construcción de grandes parques, campos deportivos, redes peatonales y una mezcla entre lo residencial y lo comercial. Considera que la configuración urbana ideal es la que construye menos condominios cerrados y opta por los muros transparentes, evitando las paredes.

La visión de seguridad urbana de Peñalosa fue criticada por varios analistas (Granda y Ramírez en 2001), que la calificaron de errónea. Señalaron que las medidas que emprendió no eran las mejores por el conflicto armado que se protagonizaba en todo el país; otros hacían notar que se confundieron e intercalaron las funciones de la policía y de las fuerzas militares. Se trata de la creación de grupos como los Gaula, nacidos para combatir al crimen organizado en coordinación con la policía militar y que, en aras de perseguir el delito, aumentaron la represión contra la población.

Según Franco, es usual poner en práctica políticas represivas generalizadas contra las zonas urbanas con mayor índice de violencia. En la ciudad colombiana de Cali se instalaron bases militares en los distritos de Aguablanca y Siloé; su intención fue neutralizar la acción de las milicias y los paramilitares. Cuando la alcaldía hizo un seguimiento de la violencia, observó que hubo un incremento exponencial de los homicidios cometidos por arma de fuego en algunos de esos sectores y una “discreta reducción en otros”.

El analista concluía que, si la prevención es la mejor manera de evitar la delincuencia, la principal causa de la inseguridad radica en la desigualdad social: “Entonces, se requiere que el Estado emprenda políticas basadas en esa estrategia”.

Estas experiencias permiten observar, de acuerdo con los entrevistados, que a nivel mundial no existen estadísticas basadas en metodologías confiables que permitan mostrar un diagnóstico certero sobre el estado de las ciudades en cuanto a su seguridad urbana. Para construir y defender el derecho al bien público que representa la seguridad ciudadana, se requiere de un modelo en el que las estructuras de poder, las fuerzas del orden y el sistema judicial ponderen la prevención contra la represión.

*Texto tomado de Contralínea: Barrios marginales, víctimas de la delincuencia y del Estado 
 
 
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De entre todos los movimientos contestatarios que han surgido a lo largo de la historia, el anarquismo se distingue por ser el más menospreciado y al que peor fama se le ha creado. A partir de hechos desafortunados (asesinatos y actos terroristas para ser precisos) se le tachó para siempre negativamente, a pesar de que los grandes teóricos y militantes del anarquismo siempre consideraron ese tipo de hechos como los más autoritarios y, por ende, los menos cercanos al anarquismo.

A causa de esos prejuicios la época del anarquismo como fuerza política importante pasó a la historia; de estar presente en casi cada rincón de Occidente pasó a ser un movimiento de pequeñas células que aparecen dispersas y sólo ocasionalmente. Si bien es cierto que aún existen teóricos del anarquismo, en la militancia se perdió el necesario ejercicio reflexivo que da vida a un movimiento (situación por otra parte muy similar a la que sufrieron muchísimos pueblos indígenas después de la conquista).

Sin la reflexión, sólo quedó el impulso contestatario que ahora vemos actuar en grupos de anarcopunks, ecoanarquistas, okupas y demás variantes. Con débiles bases teóricas, estos grupos actúan de la forma que mejor les parece, su principal herramienta es simbólica y concreta a la vez. Se visten de cierta forma, hablan y escriben de cierta forma, retan de cierta forma y concretamente atacan símbolos del poder. Esa “cierta forma” de ser y de hacer es deliberadamente molesta para el resto de la sociedad, lo que los convierte en un blanco fácil para la crítica y para los agentes del orden, no hay nada más fácil que arrestar a un anarquista (veáse el caso de Chile).

La crítica es sencilla hacia un grupo históricamente descalificado, y las más de las veces simplista y comodina. Desde psicologismos que les reclaman no dirigir su enojo al lugar correcto, hasta la ridiculez de llamarlos (en México) “nacos”. En vez de intentar darse cuenta de que estos grupos y sus acciones son síntoma de algo, responden a algo, los críticos se limitan a hacer berrinches.

El 2 de Octubre pasado, fecha dolorosa para México, uno de estos grupos entró, hizo pintas y dañó una escultura en la Facultad más reaccionaria de la UNAM, la Facultad de Derecho. Días después, los abogados aún no terminan de rasgarse las togas y pedir justicia. Dicen “hay formas”, estos grupos contestan “hay otras formas”, y de cierta forma lo que hicieron fue justicia simbólica por deudas del pasado.

Es obvio que la táctica anarquista actual no cambiará el mundo en lo más mínimo, pero es bastante eficaz para ver a los bien portados sacar el cobre.
 
 
I'd tell them to have an unhappy love
affair, hemorrhoids, bad teeth
and to drink cheap wine,
avoid opera and golf and chess,
to keep switching the head of their
bed from wall to wall
and then I'd tell them to have
another unhappy love affair
and never to use a silk typewriter
ribbon,
avoid family picnics
or being photographed in a rose
garden;
read Hemingway only once,
skip Faulkner
ignore Gogol
stare at photos of Gertrude Stein
and read Sherwood Anderson in bed
while eating Ritz crackers,
realize that people who keep
talking about sexual liberation
are more frightened than you are.
listen to E. Power Biggs work the
organ on your radio while you're
rolling Bull Durham in the dark
in a strange townwith one day left on the rent
after having given up
friends, relatives and jobs.
never consider yourself superior and/
or fair
and never try to be.
have another unhappy love affair.
watch a fly on a summer curtain.
never try to succed.
don't shoot pool.
be righteously angry when you
find your car has a flat tire.
take vitamins but don't lift weights or jog.

then after all this
reverse the procedure.
have a good love affair.
and the thing you might learn
is that nobody knows anything-
not the State, nor the mice
the garden hose or the North Star.
and if you ever catch me
teaching a creative writing class
and you read this back to me
I'll give you a straight A
right up the pickle
barrel.