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De entre todos los movimientos contestatarios que han surgido a lo largo de la historia, el anarquismo se distingue por ser el más menospreciado y al que peor fama se le ha creado. A partir de hechos desafortunados (asesinatos y actos terroristas para ser precisos) se le tachó para siempre negativamente, a pesar de que los grandes teóricos y militantes del anarquismo siempre consideraron ese tipo de hechos como los más autoritarios y, por ende, los menos cercanos al anarquismo.

A causa de esos prejuicios la época del anarquismo como fuerza política importante pasó a la historia; de estar presente en casi cada rincón de Occidente pasó a ser un movimiento de pequeñas células que aparecen dispersas y sólo ocasionalmente. Si bien es cierto que aún existen teóricos del anarquismo, en la militancia se perdió el necesario ejercicio reflexivo que da vida a un movimiento (situación por otra parte muy similar a la que sufrieron muchísimos pueblos indígenas después de la conquista).

Sin la reflexión, sólo quedó el impulso contestatario que ahora vemos actuar en grupos de anarcopunks, ecoanarquistas, okupas y demás variantes. Con débiles bases teóricas, estos grupos actúan de la forma que mejor les parece, su principal herramienta es simbólica y concreta a la vez. Se visten de cierta forma, hablan y escriben de cierta forma, retan de cierta forma y concretamente atacan símbolos del poder. Esa “cierta forma” de ser y de hacer es deliberadamente molesta para el resto de la sociedad, lo que los convierte en un blanco fácil para la crítica y para los agentes del orden, no hay nada más fácil que arrestar a un anarquista (veáse el caso de Chile).

La crítica es sencilla hacia un grupo históricamente descalificado, y las más de las veces simplista y comodina. Desde psicologismos que les reclaman no dirigir su enojo al lugar correcto, hasta la ridiculez de llamarlos (en México) “nacos”. En vez de intentar darse cuenta de que estos grupos y sus acciones son síntoma de algo, responden a algo, los críticos se limitan a hacer berrinches.

El 2 de Octubre pasado, fecha dolorosa para México, uno de estos grupos entró, hizo pintas y dañó una escultura en la Facultad más reaccionaria de la UNAM, la Facultad de Derecho. Días después, los abogados aún no terminan de rasgarse las togas y pedir justicia. Dicen “hay formas”, estos grupos contestan “hay otras formas”, y de cierta forma lo que hicieron fue justicia simbólica por deudas del pasado.

Es obvio que la táctica anarquista actual no cambiará el mundo en lo más mínimo, pero es bastante eficaz para ver a los bien portados sacar el cobre.
 





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